Menú Cerrar

Talleres

A lo largo de mi práctica como psicoterapeuta surgió en mí la necesidad de realizar un trabajo más profundo que integrara aspectos relacionados con la conciencia, la presencia, la creatividad, la corporalidad y la dimensión trascendente del ser humano.

Comencé dando forma al taller Viviendo en Clave de Sol en septiembre de 2011 y, tras siete años realizándolo, surgió de él el espacio del Despertar de la Crisálida en junio de 2018 como su evolución natural.

Ambos están concebidos para complementar la labor terapéutica personal y el conocimiento de sí como partes de la práctica integral de vida que nos lleva a desplegar nuestro potencial hacia la plenitud.

Cada año convoco en otoño y primavera el taller Viviendo en Clave de Sol y en  invierno y de verano el retiro del Despertar de la Crisálida, de manera que estén sintonizados con las energías que prevalecen en cada estación y faciliten el volver a la conexión con nuestros ritmos naturales.

Así, el otoño nos llama por su energía a ir soltando todo aquello que ya está caduco en nosotros y en nuestras vidas, todo lo que ya no nos sirve en nuestro proceso evolutivo: hábitos de vida, formas de pensar, creencias, modos de relacionarnos, etc., para ir dejando espacio a lo nuevo que comenzará a despuntar tras la acción del invierno.

Desde dentro del invierno, experimentando su energía somos llamados al descanso profundo en la estancia sagrada del corazón, a la quietud, a experimentar el latido pursátil que está en lo escondido, a vivir desde lo esencial y a ir haciendo acopio de energía para que después en la primavera pueda acontecer el brotar de la vida nueva en nosotros, al igual que lo hace en la naturaleza.

Lo que se estuvo gestando en lo oculto toma forma, quiere verla luz. La apertura, la creatividad, el fluir, la manifestación de lo profundo, el embellecimiento caracterizan como movimientos vitales a la energía primaveral que lo renueva todo en el Amor y nos hace acceder a una vida vibrante, recobrando nuestra dignidad y caminando hacia la plenitud.

El verano nos invita a la maduración en el descanso. El crecimiento es interior, es un crecimiento madurativo necesario para ir experimentando la plenitud evolutiva natural de nuestro potencial manifestado. Cuidar los nutrientes que lo favorecen es crucial. Igual que el sol y el agua son fundamentales para que los frutos maduren, el amor, la seguridad, la atención, el descanso… hacen que pueda acontecer la maduración de los seres humanos.

Viviendo en Clave de Sol

El Despertar de la crisálida