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La vocación un camino de realización y de misión

En una sociedad como la nuestra es difícil entender que cada uno de nosotros hemos sido dotados de unos dones y vocacionados a realizar una tarea en medio de nuestro mundo que a la vez que nos plenifica y hace felices, transforma y humaniza la realidad.
La palabra vocación fue restringida al ámbito religioso antes de caer en desuso. Y ha ocurrido que después de hacerla desaparecer queda en la sombra colectiva la realidad a la que se refiere.
Esto tiene consecuencias. Se vive con mucha frecuencia el trabajo como una maldición que aplasta irremediablemente y de la que hay que liberarse en los tiempos de ocio mediante actividades que “desconectan”, para luego volver a empezar.  Una expresión que denota que la persona se ha convertido en una pieza del engranaje de producción es “esto no es vida”.
Y así es, no es vida humana.
Sólo cuando vivimos nuestro quehacer cotidiano como una vocación, a la que nos dedicamos y entregamos amorosamente, podemos encontrar en èl un camino hacia nuestra plenitud y un sentido, aportando a nuestra sociedad lo que mejor sabemos hacer y más nos apasiona.
Qué sucedería si tod@s y cada uno de nosotr@s nos entregaramos a desarrollar el potencial de nuestro don dedicándonos a él y ofreciendoselo al mundo?

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